Después de 7.368 días de una búsqueda de justicia que atravesó generaciones, de expedientes que acumularon polvo y de una red de encubrimiento que ya fue juzgada en tramos anteriores, hoy se sabrá finalmente si habrá condena por el crimen de Paulina Lebbos o, al contrario, si terminará ganando la impunidad. El Tribunal de la Sala III, compuesto por los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica, dictará sentencia en el debate oral que busca poner nombre y apellido al homicida de la joven estudiante de Comunicación. En el centro de la escena se encuentra César Soto, ex pareja de la víctima, padre de su hija, y el único acusado sobre el que pesa un pedido de prisión perpetua por parte de la fiscalía, bajo la sospecha de haberla estrangulado en la madrugada de aquel 26 de febrero de 2006.

La jornada, que comenzará a las 8 en el edificio de calle España al 400, llega en medio de rompecabezas procesales y preguntas que el sistema judicial tucumano deberá responder.

La causa, que hoy puede tener un final, comenzó con la desaparición de Paulina tras salir de un boliche en el Abasto aquella madrugada del 26 de febrero de 2006 y el posterior hallazgo de su cadáver en Tapia el posterior 11 de marzo. Durante estos 20 años, la Justicia acreditó que la cúpula policial de José Alperovich y hasta un ex fiscal de instrucción participaron en una maniobra deliberada para borrar huellas y sembrar pistas falsas. No obstante, en este juicio se busca ir más allá del encubrimiento para castigar la autoría material. En estas últimas semanas, el debate oral expuso a 41 testigos y pericias que intentaron reconstruir lo ocurrido en el domicilio de calle Estados Unidos al 1.200, donde la fiscalía sostiene que Soto ejecutó el crimen con alevosía, aprovechando su perfil violento y el terror que le inspiraba a la víctima.

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El alegato del fiscal Carlos Sale fue lapidario al afirmar que “todos los caminos conducen a César Soto”, tras lo cual solicitó la pena máxima basándose en testimonios sobre el maltrato previo. En la vereda opuesta, la defensa técnica de Soto, liderada por Roque Araujo, calificó la acusación de “fábula” e “invento”, argumentando que se acusó al “sanguchero” por ser el eslabón más débil y para evitar que la causa prescribiera. Araujo sostuvo que no hay un solo mensaje ni prueba física que ubique a Paulina en la vivienda de Soto aquella noche, planteando que condenarlo sería un acto de injusticia para cerrar un expediente en el cual la fiscalía “no investigó nada” en términos de autoría real.

A horas de la sentencia, Lebbos exigió el apartamiento del fiscal por haber desistido de la acusación contra Kaleñuk

El clima de la sentencia se enrareció en las últimas horas tras el pedido de nulidad y apartamiento del fiscal presentado por Alberto Lebbos y su abogado Juan Abraham Musi. Ellos criticaron la decisión de Sale de retirar la acusación contra Sergio Kaleñuk, el otro imputado en este tramo, alegando que el hijo del ex secretario de la gobernación, Alberto Kaleñuk, fue el “motor y timón” de la red de encubrimiento y que existen pruebas de geolocalización que lo vinculan al itinerario de Paulina. Esta fractura entre la familia de la víctima y el Ministerio Público Fiscal abre un interrogante crítico: ¿qué pasará con la denunciada red de encubrimiento si el Tribunal ratifica el pedido de absolución para Kaleñuk por falta de cargos? El riesgo de que un sector del poder político y policial eluda nuevamente su responsabilidad es la sombra que sobrevuela el veredicto de hoy.

Las posibilidades

Pero hay preguntas ¿Qué pasará si lo condenan a Soto por el crimen? Una sentencia a perpetua significaría, después de dos décadas, al menos un cierre para la familia. Pero, ¿alcanzaría esa condena para decir que se hizo justicia si no se termina de desarticular la red que protegió al asesino? Por el contrario, ¿qué pasará si absuelven a Soto? Una absolución lisa y llana por beneficio de la duda dejaría la certeza de que ya no hay forma de saber quién mató a la estudiante de comunicación. Con los plazos biológicos y procesales agotados, un fallo absolutorio clausuraría definitivamente la posibilidad de encontrar la verdad real sobre el autor material. La posibilidad de que se absuelva a Soto abriría una grieta de impunidad que no se repara con las condenas previas por encubrimiento. Si el Tribunal coincide con la defensa en que no hay pruebas directas y contundentes, el caso Lebbos pasará a la historia como el crimen garantizado por un Estado ineficiente o cómplice. Esta duda es el núcleo del planteo de Alberto Lebbos, quien sostiene que “la impunidad envía el mensaje de que la violencia contra la mujer es tolerada” y denuncia que el “oscurantismo procesal” de la fiscalía ha sido el mejor aliado de los imputados en este tramo final del juicio.

ALBERTO LEBBOS. Hizo un pedido que hoy debería resolver el tribunal.

Los jueces deben decidir hoy si las pruebas circunstanciales y los testimonios de violencia previa son suficientes para quebrar el estado de inocencia de un hombre que, según el fiscal, “sabía que estaba muerta” desde el primer día.

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Otro punto que genera inquietud es la inacción sobre las 24 causas conexas denunciadas por Lebbos. Si el fallo de hoy se limita a resolver la suerte de Soto y Kaleñuk sin exhortar a la reactivación de estos legajos paralizados, gran parte de la verdad sobre la manipulación de pruebas biológicas adrede quedará sepultada, denuncia Lebbos. Y asegura que la sociedad necesita saber no solo quién mató a Paulina, sino quiénes y por qué dieron las órdenes para que el cuerpo apareciera el 11 de marzo en un lugar donde ya se había realizado un rastrillaje y en el cual desde el primer momento se falsearon actas policiales. Sin acusación contra Kaleñuk, esa parte de la historia queda, por ahora, en un limbo jurídico. De hecho, el juicio ha desnudado las falencias de una instrucción que nació viciada. El fiscal Sale reconoció que se perdieron pruebas fundamentales por el paso del tiempo, pero apeló al sentido común y a los indicios para sostener su pedido de perpetua. Del otro lado, la defensa utilizó esa misma negligencia del Estado para sembrar la duda sobre si Soto es el asesino o simplemente un “chivo expiatorio” conveniente.

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La sentencia de hoy deberá demostrar si las pruebas conforman una cadena sólida o si son una suma de eslabones sueltos que no alcanzan para privar a un hombre de su libertad de por vida.

Lebbos pide el apartamiento del fiscal Carlos Sale

Alberto Lebbos exigió el apartamento del fiscal Carlos Sale por haber desistido de la acusación contra Sergio Kaleñuk. Sostiene que no cumplió con su deber de objetividad al omitir el análisis de las pruebas de cargo, lo que obliga, según el planteo, a designar un nuevo funcionario para que formule una conclusión ajustada a derecho antes de dictar sentencia. Lebbos critica que no se le haya permitido ser querellante y solicitó la nulidad parcial del alegato del fiscal.